

Hubo momentos de descubrimiento —cuando una memoria olvidada se asomaba de repente— y otros de pura complicidad, cuando los jóvenes aportaban ideas frescas para darle ritmo y emoción a las tramas. El círculo sirvió como mapa, pero fueron las emociones y la conexión entre generaciones las que dieron color y profundidad a cada historia.
Ahora, con la estructura en mano, cada equipo tiene el corazón de su relato listo para dar el salto al mundo sonoro. La próxima vez que estas historias se escuchen, no será solo en una sala de taller, sino en las ondas de nuestras radionovelas, donde cualquier oyente podrá sentir que está ahí, dentro de la historia.
En Memorias Virales seguimos confirmando que cuando las voces se unen, el tiempo no separa, sino que multiplica el poder de las historias.
