Menos horas de trabajo también pueden significar más bienestar.
A partir del 15 de julio entrará en vigor una nueva reducción de la jornada laboral semanal en Colombia. Para quienes estén cobijados por la norma, la semana de trabajo pasará de 44 a 42 horas sin afectar salario ni derechos adquiridos.
La medida hace parte de la implementación gradual de la Ley 2101 de 2021 y aplica a trabajadores del sector privado y a empleados de empresas del Estado regidos por el Código Sustantivo del Trabajo. No cobija, entre otros, a contratistas, cargos de dirección o regímenes especiales.
Más allá del ajuste legal, el cambio reabre una discusión que cada vez pesa más en la vida cotidiana: cuánto tiempo queda realmente para descansar, compartir, estudiar, hacer ejercicio o simplemente bajar el ritmo. Hablar de bienestar también pasa por ahí.
En un contexto marcado por el cansancio, la sobrecarga y las conversaciones crecientes sobre salud mental, estas dos horas menos por semana pueden leerse como algo más que una cifra. Son tiempo disponible, margen para la vida y una señal de que el trabajo no debería ocuparlo todo.
La pregunta que queda abierta no es solo quiénes se benefician de la medida, sino qué hacemos con ese tiempo recuperado. Y esa también es una conversación que vale la pena dar.

